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20 junio 2009

La balanza de pagos, el déficit comercial y la crisis

Hace años que observo con asombro nuestro déficit comercial, o mejor nuestra déficit de cuenta corriente en la balanza de pagos. España lleva muchos años con una balanza de pagos negativa, de modo que entre exportaciones de bienes y de servicios, incluido el turismo, no cubrimos nuestras importaciones.
El resultado es una salida continua de dinero fuera de España que drena la economía española. Pero si no para de salir dinero fuera de España eso produciría tarde o temprano un problema. Simplemente no habría suficiente dinero en el país para el comercio habitual y la economía se frenaría. Evidentemente hay mecanismos compensadores, por ejemplo la entrada de capitales externos a España, ya sea como inversión para comprar empresas o pisos o sea simplemente como préstamo a los bancos españoles. Ese dinero entre en el sistema y fluye manteniendo nuestro poder adquisitivo o incluso aumentándolo.
Además está el proceso de creación de dinero habitual que va proveyendo de dinero al país. Los últimos años la bajada de tipos de interés que hemos vivido ha producido un efecto de creación de dinero vía endeudamiento sin precedentes en décadas anteriores, que ha proporcionado a España un dinero disponible para consumir crecer económicamente tan grande que ha llevado a España a tener un PIB que nos ha puesto entre los países más desarrollados del planeta.
Lo hemos pagado con una inflación relativamente alta, pues era más alta que en el resto de la zona euro, pero ha sido realmente útil para compensar con creces nuestros déficits brutales en nuestras balanzas de pagos.

Pero tarde o temprano este proceso de endeudamiento creciente y sin fin tenía que llegar. Por ejemplo cuando los tipos de interés dejaran de bajar debía producirse un freno en dicho aumento de deuda. Algunos pensaban que no tenía por qué ser así y que el proceso podía seguir indefinidamente, que los inmigrantes que llegaban a España se endeudarían a su vez continuando el proceso. Pero de pronto, cuando los tipos de interés ya estaban cerca del límite mínimo se produjo el proceso que pinchó la burbuja. La burbuja de deuda.

El petróleo ha llegado a su cenit de producción. Se esperaba que a partir de 2010 la cantidad de petróleo extraído en el mundo solo podía ir disminuyendo progresivamente, pero parece que dicho cenit de producción se ha adelantado y se ha producido en 2008. Esta escasez de petróleo y la especulación que llevó hizo que el petróleo subiera imparablemente durante 2007 y parte de 2008 de modo que llegó a costar unos 150 $ el barril.

Este aumento progresivo del precio de la energía hizo que la inflación fuera más alta de lo normal y que los bancos centrales subieran los tipos de interés bastante rápidamente, sobre todo en Estados Unidos. Esta subida de tipos de interés provocó una morosidad muy elevada, pues los tipos de interés subieron en USA del 1% a un 5%, que llevó al sistema financiero americano casi a la quiebra, y con el proceso de titulización de hipotecas y venta de dichos títulos por todo el mundo, junto a la subida de tipos en todo el mundo, también ha puesto en jaque a todos los bancos de Europa y Japón.

Esta crisis financiera ha provocado que el flujo de dinero hacia España se interrumpiera, haciendo que los bancos limitaran sus préstamos y por lo tanto el proceso de creación de dinero, lo que junto a la menor capacidad de endeudamiento de las familias españolas por ser los tipos mayores, llevó a nuestro país a una reducción de consumo brutal, empezando por la construcción que había llegado a cotas irreales. Con el descenso de compras de pisos empezaron los despidos en la construcción, y con el aumento del paro un descenso de consumo aún mayor. Empezaba una reacción en cadena: menos consumo-más paro-menos consumo-más paro....

AL principio se esperaba que el sector exterior y el turístico se mantuviera y por lo tanto la balanza de pagos mejorara. Nuestro desequilibrio secular iba a ser compensado y algunos hablaban de "sana depuración de la economía". Pero la crisis de consumo también llegó a nuestros países vecinos, a quienes exportamos, a los turistas que tenían que venir a España. Esta crisis de consumo internacional, que se puede apreciar en el índice de comercio mundial decreciente indicado por el Baltic Dry index, hace que nuestras exportaciones caigan en picado.


En el siguiente gráfico se ve la evolución del Baltic Dry Index y del petróleo (CL) superpuestos.
Así, si bien nuestras importaciones han caído mucho, también lo han hecho nuestras
exportaciones.



En otras ocasiones en que España estuvo en grave crisis, se salió de esta gracias a devaluaciones de moneda que favorecieron las exportaciones y el aumento del turismo, que produjeron unas entradas masivas de dinero que reactivaron la economía. Pero ahora estamos en el euro, y esta es actualmente la moneda más fuerte del mundo. No va a haber devaluación con respecto a nuestros vecinos cercanos, pues también tienen como moneda al euro, que son nuestros principales clientes, y pocas posibilidades hay de que la haya con el resto del mundo a no ser que el euro se desplome internacionalmente por algún motivo sorpresa.

Para salir de esta crisis necesitamos entrada de dinero externo. No podemos seguir endeudándonos sin parar pues nuestro nivel de endeudamiento está casi al límite y los tipos de interés en mínimos. Sólo nos queda importar menos y exportar más. Lo primero ya lo estamos haciendo, en parte gracias a unos precios bajos del petróleo que ha caído drásticamente por el descenso de consumo mundial, pero lo segundo, eso de exportar más, no lo estamos haciendo. Nuestras exportaciones caen también por el descenso de consumo mundial. Nuestro consumo interno debe seguir bajando, lo que en principio producirá más crisis, pero saldremos de esta cuando las exportaciones vuelvan a aumentar, cuando el consumo de nuestros países vecinos aumente. Dependemos de ellos y son nuestra única esperanza.

El Baltic Dry Index indica un aumento del comercio mundial desde principios de año, pero va unido a un aumento del precio del petróleo. Necesitamos que nuestras exportaciones aumenten y que nuestras importaciones no se disparen simultaneamente. Si lo logramos entraremos en una nueva etapa de nuestra economía, una etapa de equilibrio, sin boom urbanístico, de crecimiento sano. Y si encontramos el modo de exportar más, saldremos antes del hoyo y viviremos un nuevo periodo de bonanza.

EL gobierno ha intentado frenar el deterioro de la economía mediante gasto público, pero eso tiene un límite pues la deuda pública se dispara, y ese límite se acerca. Estamos solos y tenemos que ganarnos el futuro.

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